«Los más tienen derecho a mandar, pero en el respeto a los derechos de la minoría la democracia tiene que inspirarse en el principio de la mayoría limitada o moderada. Si no, vivirá un día y empezará a morir al día siguiente».
Giovanni Sartori
En la política municipal Gobierno y Oposición actúan en el marco de una institución y, por tanto, su conducta debería estar imbuida de un alto sentido de pertenencia institucional: lo que hagan o lo que digan no es indiferente para la imagen de la institución y, en suma, para la calidad del sistema institucional, así como para la percepción que los ciudadanos y otros actores tengan de ese Ayuntamiento.
En democracia quien gana no lo gana todo y quien pierde no lo pierde todo. Este principio exige diseñar las instituciones de tal modo que se articulen de forma ordenada las relaciones entre Gobierno y Oposición. De hecho, políticamente hablando, el Ayuntamiento no se configura como una institución con un órgano colegiado (Pleno) y uno unipersonal (alcalde), con división de funciones. La esencia de la democracia es la relación entre mayoría y minoría (Gobierno y Oposición). En consecuencia, el Pleno, en verdad, no controla al alcalde y a su equipo de gobierno, sino que es la minoría quien ejerce tales funciones.
El Pleno, en su calidad de órgano representativo, es expresión del pluralismo político y lugar, por tanto, de
manifestación de las posibles posiciones de disenso con la mayoría. La labor de la Oposición es trascendental en un sistema democrático, tanto por la representación que tiene anudada como por las importantes funciones de control y supervisión de la actuación del Gobierno municipal. La minoría se configura, así, como un necesario
freno frente a hipotéticas actuaciones del Gobierno municipal que puedan ser objeto de censura.
Se ha de partir del dato de que el ámbito local (y especialmente el municipal) ofrece una clara ventaja comparativa frente a otros niveles de gobierno, porque la distancia entre los asuntos públicos y los intereses privados es menor. Al ciudadano, en efecto, le resulta bastante sencillo constatar que su bienestar en determinadas cuestiones depende, en buena medida, de las políticas y de las iniciativas públicas que adopte su propio Ayuntamiento.








